jueves, 26 de abril de 2007

El comercio en el Egipto faraónico II


Con independencia de los intercambios entre particulares de un mismo pueblo o ciudad, que continuamente tenían lugar a orillas del Nilo, también existío un comercio a mayor escala, por lo menos en las épocas de estabilidad interior como el Imperio Nuevo.
Este comercio dependía de las grandes instituciones, y, principalmente, de los templos y sus dominios, es decir de los terrenos circundantes, propiedad del templo. Entonces, los intercambios implicaban grandes cantidades de las más variadas mercancías, y , a menudo, con una gran distancia entre compradores y vendedores.Ello implicaba la existencia de intermediarios autorizados deferenciados por su especialidad: transportitas (principalmente marineros), negociadores y diversos tipos relacionados con el comercio, tambien se sumaba a los primeros formando todos una clase social muy particular.Este grupo social nunca perteneció a la elite de la sociedad egipcia.


Los comerciantes, en general, no actuaban como particulares, ya que dependían de las grandes instituciones a las que servían. Instituciones que , como los grandes santuarios, eran el principal motor de la economía del país, y que poseían su propia flota de transporte los “usekh” ,los panzudos barcos de carga.


Estos barcos constaban de una tripulaciónformada por los “nfu”, navegantes o marinos con una cierta cualificación en el oficio.


El responsable del barco ,es decir su capitán, era el “hry ush” (textualmente :el que está a la cabeza del barco).


A continuación venía una especie de cuerpo de inspectores llamados “s3u”, y unos escoltas los “mskbu”, que cumplían una función no claramente especificada, ya que aparecen también en las transacciones de ventas de caballerías, carros y otros oficios relacionados con la actividad comercial.


Al frente de estos ultimos figuraba un “imira mskbu” (jefe de los escoltas).Los simples marineros eran llamados “imyu ush” (los que están en el barco de carga).
La actividad de este personal así como sus cometidos, nos ha llegado gracias a dos documentos, ambos del Imperio Nuevo. El primero de los cuales tiene lugar durante la XIX Dinastía y bajo el reinado de Ramsés II, y cuenta lo siguiente:
Un barco con una tripulación de 33 o 39 hombres amarra en la ciudad de Per-Ramsés.El propietario, según todos los indicios, es Khaemuaset, el famoso principe-arqueólogo que, además, era gran Sacerdote de Ptha en Menfis.Pues bien este particular sacerdote estaba en continuo contacto con las transacciones y novedades que se producian en el barco a través de unos mensajeros llamados “smsu”. Todos los días se realizaban entradas y salidas de mercancias, supervisadas por un escriba, entre ellas siempre figuraba el suministo diario de pan a la tripulación. Como anécdota, que sirve para cualificar a los escolta “mskbu”, consta que se dio a dichos subalternos una vasija de vino, que se supone sería una gratificación o “propina” independiente de su salario en especias.


El segundo documento, más explicito en sus detalles, tiene lugar durante la siguiente Dinastía, la XX.Narra un viaje por cuenta del dominio de Amón, que empieza en Tebas. Dos meses más tarde, el barco parte de Heliópolis (bajo el actual aeropuerto de El Cairo) y atraca en Menfis, la antigua capital del Reino Antiguo. Espera, cambiando varias veces de amarre, y tras 9 días recibe una carga de 5000 peces. Los intercambios comerciales no cesan, mientras se espera la presencia de un escriba. Tras 6 días de espera, y viendo que el escriba no aparece, el capitán, con tres marineros y un barco más pequeño, zarpa rumbo a Heliópolis donde se supone que vive el escriba.8 días despues de la carga.3000 peces están todavía a bordo, el resto ha sido objeto de transacciones.La carga, consignada por el escriba, consta además de aceite, vino, semillas, rollos de papiro, sal, juncos, aves y cuerdas. estas cuerdas van embaladas en 3 rollos de 1000 codos y 27 rollos de 500 codos. Si tenemos en cuenta que un codo equivale a 0,523m., resulta que sólo en cuerdas, el barco transportaba ¡8.629,50 m.!
Lo que no sabemos,porque no lo dice el documento, es el grosor de esas cuerdas, más que nada para hacer un calculo aproximado del peso.
Tampoco nos aclara, el citado documento, es como eran los peces, frescos o en salazón….espero que fuera eso ultimo…no quiero ni pensar el aroma que debería desprender el barquito de marras….


De los anteriores relatos, se desprende la categoría social de que siempre gozaron los escribas en Egipto. Esta clase de elite no se podía considerar como integrante del mundo naval. Tenían sus despachos relativamente cerca de los puertos y actuaban como notarios de todas las operaciones comerciales. No recibían su salario como integrantes de las operaciones, sino como altos funcionarios de las instituciones a las que servían.Eran siempre la autoridad suprema e indiscutible en dichas operaciones, ya que tenían todos los registros de las actividades portuarias. En un escalón mucho más bajo, los “s3u”, gozaban de cierta autoridad, como ayudantes de los escribas y supervisores de las cargas en las bodegas de los barcos.


Independientemente del personal adscrito a los barcos de una manera más o menos permanente, otro grupo de funcionarios, los “sutyu”, una especie de agentes comerciales, solían participar como “negociadores” en las transacciones de una cierta importancia. Eran responsables de las gestiones y de la organización de los pactos comerciales. Eran los especialistas en tasar el valor de una mercancía, de la conversión de esta en su equivalente al peso unitario de un metal (el deben). No actuaban nunca por cuenta propia e independiente,sino que estaban al servicio de una institución o representando a un particular. Los desplazamientos eran una actividad inherente a la función de estos “sutyu”. Siempre estaban embarcándose para atender in situ a las transacciones y esto , aunque pueda parecer chocante, no era demasiado apetecible para un egipcio.


Tanto si el comercio era interior, como si se trataba de negociaciones en el extranjero, los “sutyu”, como los marineros en general, se quejaban de la añoranza de su localidad y de los incovenientes que su trabajo representaba para su convivencia familiar. Además, los que operaban en el extrangero se veían alejados de la protección de sus dioses, sentimiento recojido en la literatura a través de los “Cuentos del Naufrago” o las aventuras y desventuras de Sinuhé.
No es de extrañar que en la famosa “Sátira de los oficios” figurase el de los “sutyu”, frente a las indiscutibles ventajas de ser escriba: “Los comerciantes-suty descienden y remontan el Nilo, negociando con el cobre. Ellos transportan las mercancias de una ciudad a otra a fin de proveer aquello que falta”


A menudo los desplazados al exterior, invocaban la protección de su dios y llevaban amuletos con la efigie de su predilecto. A ello se refier un párrafo de la “sátira de los oficios” cuando dice: “el dios de cada hombre está con él”. Una carta dirigida a unos funcionarios del templo de Amón en Tebas, enviados a una misión en el interior del desierto menciona: “Amón-Ra, Rey de los dioses…vuestro buen señor que pasa su tiempo sirviéndoos de piloto “. A estos males de caracter sentimental, se juntaban otros de indole más real, como el desconocimiento total o parcial de las lenguas y dialectos hablados en las regiones y pueblos asiáticos. Incluso en el mismo Egipto existían dialectos distintos para el Norte y el Sur. El papiro Anastasi I hace alusión a un “dialogo de sordos” entre un hombre del delta y un ho,bre de la isla de Elefantina” que no llegan a entenderse. Algo parecido ocurre todavía hoy, ya que el dialecto árabe del Alto Egipto, difiere bastante en algunos aspectos, del hablado en El Cairo. Para terminar, un ejemplo más de esta actitud de miedo y recelo a alejarse del lugar de origen donde se vive, forma de sentir profundamente arraigada en el alma egipcia.


En una carta dirigida a su hijo Pay-iri, que se ha fugado al ser acusado de robo y adulterio por el tribunal de Deir -el-Medina, el padre le dice: “Tus intenciones de viajar son como las de una golondrina con sus pequeñuelos, has llegado al Delsta en un gran desplazamiento, estás mezclado con los asiáticos, has comido pan con tu sangre.” Salir de viaje, por propia voluntad o por simple curiosidad, era considerado por los antiguos egipcios como una desviación social.


Y dicho lo anterior me pregunto…¿como se sentirían esos egipcios antiguos si vieran en lo que se ha convertido su amada tierra?…¿como se sentirían si vieran sus moradas de eternidas, profanadas a diario, por gentes que no tienen el más minimo respeto al entrar en dichos lugares…?. Lugares que por cierto no fueron creados para ser vistos. Me gustaría que si alguien lee esto, le sirva como reflexión, digamos piadosa, y al visitar cualquier tumba egipcia, de la más suntuosa a la más sencilla, lo haga con un cierto recogimiento y si puede ser repita en voz alta el nombre de su propietario…Para que su Ka viva eternamente al ser nombrado.
En este oficio, como en todos, la ética y la moral (que en el antiguo Egipto eran la misma cosa) no siempre era patrimonio personal de algunos comerciantes. Un documento jurídico encontrado en Tebas nos cuenta el caso de una sirvienta palestina que un “suty” había vendido a una dama de alto rango a cambio de una partida de tejidos, dr recipientes de metal y un pote de miel, por el valor de 4 deben y un qedet de plata. El comerciante había adquirido la sirvienta en uno de sus viajes comerciales, y al regresar a Egipto quiso venderla para sacar un beneficio.
En el mismo documento, otro “suty” cambia un servidor por una tumba, lo que demuestra dos cosas, a saber: que sí hubo intenciones de adquirir una tumba por alguno de aquellos comerciantes.
Tambien encontramos en algunos documentos los relatos de los robos de tumbas del final de la época ramésida. Las listas de estos papiros , enumeran no menos de 16 “sutyu” implicados en los robos. Aunque los juicios se celebraron en Tebas, 8 de aquellos implicados eran originarios del mismo pueblo de la zona del Fayum, otro estaba adscrito al templo de Khnum en la isla de Elefantina.
El alto número de implicados en los robos pertenecientes a esta profesión, puede explicarse por la facilidad adquirida que tenían los “sutyu” para “camuflar” las mercancias y la mno menos aprendida de “blanquear” el botí de los pillajes. Los puertos eran siempre los lugares del mercadeo, no es extraño que en uno de los procesos verbales en los robos de tumbas, un acusado declaró que los ladrones robaron el botín, mientras que él sólo lo vendían en su barco en el puerto de Tebas. En dichos procesos se nombran (siempre como implicados) algunos de los oficios de los que os he hablado: barqueros nfu, capitanes de barco hry ush, 4 guardianes s u, 5 escribas, 2 pescadores, y una docena de tejedores.
Los nfu gozaban, dentro de este restringido cuadro social, de una cierta categoría. De hecho eran, más que expertos marinos, auténticos pilotos que surcaban tanto las tranquilas aguas del rio Nilo, como las del ” Gran verde”, el mediterráneo, como ellos llamaban a nuestro mar. En la tumba del visir Rekhemira (XVIII dinastía,tiempo de Tutmés III) el propietario, metafóricamente, declara: “Soy su nfu (refiriendose al rey), el que ignora el sueño tanto de día como de noche. Mi atención está fija en la cuerda de proa y en la cuerda de popa”. Varios objetos funerarios pertenecientes a barqueros nfu nos son conocidos, entre ellos un pectoral con el capítulo 30B del “Libro de los muertos”, asi como una serie de estelas. Precisamente en una de ellas se dice que el hijo de un “nfu jefe al servicio de Maat”, era tambien “nfu de Ptah”. El oficio se transmitía de padres a hijos, y los enchufes en la administración religiosa de los templos, también. Un cierto Res (probablemente extrangero), funcionario de la corte en el ejército y en la marina, como nfu de un barco llamado “Mery-Amón”, posee una tumba en Sakkara.
Bueno hasta aqui una pequeña visión de como era llevado el comercio, entre los intermediarios y demas personas que en esta actividad estaban empleados.