jueves, 26 de abril de 2007

El vino y su comercio


Siguiendo un poco el hilo conductor del comercio comentare algunas cosas interesantes sobre la producción.Entre las cosas importantes que Egipto producía y vendía está el vino. Tanto en el comercio interior como para el exterior, los caldos egipcios gozaron de fama y fueron tenidos en alta estima. Era un producto caro que solo los muy ricos podían permitirse.


El vino y su comercio:


El vino siempre fue un producto de un alto prestigio, sólo al alcance de las partes más elevadas social y económicamente. Ya bajo la III Dinastía y en la biografía de Metchen, nos consta el interés y la insistencia que demostró este importante personaje para que se plantasen viñedos en sus dominios. En los documentos más tardíos, cuando ya declinaba el poder de los faraones, el vino seguía teniendo un elevado valor como moneda de cambio. Con vino se podían pagar los impuestos y garantizar los préstamos.
Bebida de lujo, destinada a una elite, tenía un carácter prioritario en las ofrendas diarias que se hacían en los templos a los dioses. Ahí radica el carácter religioso de una bebida que traspasando los siglos, fue adoptada por el cristianismo, hasta nuestros días. Gracias a las “etiquetas” inscritas en las ánforas del vino, podemos seguir la distribución de este producto, desde su lugar de origen hasta el de consumo.


La producción:


La producción de vino durnte el Impario Nuevo giraba entorno a los dominios de la corona, de la nobleza y de las grandes instituciones (principalmente los templos). La zono vitícola por excelencia siempre fue el delsta, aunque también se nombran en menor cuantía, los prestigiosos vinos procedentes de los oasis occidentales. En muy pequeña cantidad, también existían viñedos de particulares, nobles, que producían para su propio consumo, per oque se permitían obsequiar a la corona con lo más exquisito de sus cosechas.
Sobre todo en Malqata, la residencia de Amenhotep III, se han encontrado jarras de vino cuya etiqueta evidencia que se trataba de donaciones o regalos de viñedos privados, aunque tal costumbre arranca desde el principio de la dinastía. Este fue el caso por ejemplo de Antef (TT 155,época de Hatshepsut-Tutmés III) que puso en la etiqueta (bueno en los precintos de la jarra) “A la salud del heraldo Antef”. En la propia tumba de Tutankhamón, junto a las jarras con la etiqueta de “dominio de Tutnkhamón o del dominio de Atón” se encontró un envase portando simplemente la mención de la cosecha de un Visir llamado Pentu.


También en Sakkara, en la tumba del visir de Akhenatón, Aper-el, en las inscripciones de las jarras se lee: Año 10, vino de la orilla Occidental, viñedo del comandante y responsable de los caballos,Huy”. Otro caso, quizá el más elocuente, lo encontramos en la tumba de Nebamón (TT 90, época de Tutmes IV-Amenhotep III). Ahí podemos contemplar la mejor representación de una viña particular en una tumba tebana. En esta tumba, la viña se distribuye en forma de pérgola sobre una avenida de columnas de madera, que conduce a un estanque en forma de T. La primera virtud de la parra aérea es la de proveer de sombra, con el frescor que ello comporta en los calurosos días del verano egipcio. Pero este factor, un tanto bucólico, de la instalación no descuida el sistema productivo de la misma. En efecto, vemos todas las fases de la producción del vino, desde la recogida de los racimos hasta su vertido en las jarras que seran cuidadosamente almacenadas en la bodega.
La inmensa mayoría de figuraciones del proceso de elaboración vitícola, en las tumbas privadas, obedece a una razón muy sencilla: conscientes del prestigio personal que confería la bebida, plasmaban las escenas de su preparación, aprovechando el más minimo contacto, cargo o empleo del propietario de la tumba, relacionado con la casa real o con el templo de la localidad, pintaban el viñedo que, en realidad no era de su propiedad, si no de la institución. Lo anterior sin prejuicio de que, en el jardín de un particular de cierta reputación, se plantasen algunas cepas, que, aunque no fuese una gran plantación, constituia un signo de estatus para el Más Allá.
Creo que aqui tenemos una cosa más para el “Lado oscuro”: la vanidad.


Una viña de Amarna:


El primer ejemplo dado por la arqueología es un viñedo que se ibicó en Akhetatón al Sur del palacio real. En ese lugar se abre un gran espacio lleno de pilares que, durante mucho tiempo se creyó eran los restos del palacio donde fue coronado el enigmático Smenkhare.
Claude Traunecker ha demostrado, sin lugar a dudas, que se trata de un viñedo en el que, ocupando siete salas conectadas entre sí, las parras aéreas formaban una gigantesca cubierta vegetal. Estos siete espacios con 816 columnas de adobes, verdadero bosque de barro organizado, cubre una extensión equivalente a 1,26 Ha.


Traunecker basó su primera hipótesis (que luego resulto cierta), en varios hechos aparentemente triviales: unos pilares tan débiles nunca hubieron podido soportar el pesado techo de un palacio. Los espacios carecian de pavimento y no se obserbaron en las excavaciones restos del techo y, además, como prueba concluyente, los muros de adobe habían sido tratados con un enlucido amarillo sobre el que se pintaron hojas de viña y parras cargadas de racimos de uvas. Lo más importante de este edificio es que permitía hacer una valoración muy aproximada de la producción de vino que se podía obtener.
Traunecker, ayudao por el Instituto nacional de Investigaciones Agronómicas pudo llegar a una muy interesante conclusión. Suponiendo una separción de 1,35 m. entre cada planta (cuyos vestigios se detectaron en el suelo), se obtenía un total de 1.630 plantas susceptibles de producir anualmente 4.600 KG. de uva, o sea 23 Hl. si se destinaba la totalidad a vino. Sobre el lugar se encontraron 350 etiquetas de jarras.


La viña de Nay Ramsés:
El dominio de la viña de Nay Ramsés permite contrastar los datos obtenidos en Amarna. Situada en el Delta Oriental ,este viñedo (o grupo de viñedos) está muy documentado por las numerosas etiquetas de jarras que denotan su origen, sobre todo en el Ramesseum y en la zona de Deir el Medina. Por suerte, un texto del Papiro Anastasi IV, que data de la XIX dinastía hace una descripción muy precisa de este dominio vitícola. Por lo menos, en el tiempo de la redacción del documento, la producción de vino estaba destinada, en su mayor parte, al abastecimiento del palacio de Sethy II. La importante producción, se elevaba a 1.500 jarras “menet” de vino, 50 jarras “menet” de “shedeh” y 50 jarras “menet” de “paur” (estas dos ultimas variedades escogidas de vino o derivados).


Los datos obtenidos, permitían hacer el mismo cálculo del viñedo de Amarna, pero a la inversa. Aqui se trata de averiguar la extensión del viñedo partiendo de una producción conocida. El primer problema nacía del desconocimiento exacto de la capacidad de jarras o ánforas “menet”. La capacidad según textos de diferentes épocas, variaba entre 5,20 y 30 “hin”, es decir entre 5,10 y 15 litros, ya que 1 “hin” equivale a 1/2 litro. Tras calcular el volumen de las jarras halladas (una media de las mismas), se adopto como buena una capacidad de 20 “hin” (10 litros). Partiendo de esta cifra, y utilizando los mismos parámetros que en Amarna, se estimó una producción de 18,4 hectolitros por hectárea, lo que daba una producción de 160 hectáreas, para la viña de Nay Ramsés daba una extensión de 8,5 hectáreas. Una autentica producción industrial, ya que estudios comparativos con un país vitícola como Francia, nos dicen que en el censo hecho en 1.980 sólo un 14% de las propiedades vitícolas francesas sobrepasaban las 5 hectáreas de superficie.


En todas las excavaciones practicadas relacionadas con las grandes instituciones como palacios (Malqata, Fayum), y los grandes templos, han aparecido (lo mismo que en la tumba de Tut) unas jarras diferentes a la s egipcias. Son de cuello más largo, sólo tienen un asa y son de menor capacidad. Pertenecen a vino de importación sirio, que juntamente con el producido en Nubia era muy apreciado en Egipto. De hecho se supone que el cultivo del vino, en su fase más avanzada de alboración, fue de origen asiático, principalmente de Siria. También parece cierto que cultivadores y operarios de estos dos paises extranjeros se establecieron, o fueron deportados, a Egipto, a fin de perfeccionar las técnicas del doble País. Ellos fueron, muy probablemente, los que impulsaron la producción a gran escala, como buenos conocedores del oficio, de los randes viñedos que produjeron los mejores caldos del Delta ya en el Reino Antiguo.


En la TT 261 hay unas interesantes escenas de la elaboración del vino. En ella se pueden ver operarios nubios y asiáticos trabajando en los distintos momentos de la producción vitícola.Esta participación de mano de obra experta inmigrada persistió hasta la dominación macedonia en suelo egipcio.
Hasta aqui hemos hablado de la producción vitícola en el A.E., pero esá producción tenía que tener alguna forma de comercialización y a su vez, esta una circulación o tranporte del producto a sus lugares de venta o consumo.


Las etiquetas del vino son una buena prueba de esa circulación, desde los viñedos hasta los puntos principales de consumo. En muchas de esas etiquetas encontradas en el Ramesseum, se lee: ” Vino del templo de millones de años del rey del Alto y del Bajo Egipto, Usermaatre-Setepenre en el dominio de Amón”, asi se indicaba el destino. Mientras que grabada en la arcilla de cocción de la jarra figuraba el nombre del viñedo. El sentido general del desplazamiento del vino, suele ser casi de forma constante de Norte a Sur. Siempre fue el Delta el lugar preferido para la elaboración de los vinos consumidos en el Alto Egipto. Independientemente de un clima más propicio, el Delta ofrecía la mayor extensión de tierras permanebtemente cultivables. Por esas mismas etiquetas, sabemos que la parte Oriental del Delta fue llamada, en lo concerniente a la producción de vino “agua de RE”, mientras que la rama Occidental se denominó “agua de Ptah”.
El vino se transportaba utilizando la principal vía del pais, el rio. En un viaje que, de Menfis a Tebas debía durar de 10 a 15 días, las jarras de vino se iban descargando en los principales puestos de destino (basicamente los templos) situados a ambas orillas del Nilo. Se sabe también que juntamente con el vino, los barcos transportaban otros productos como aceite, carne, pescado, tejidos entre otras mercancias, con las que se realizaban importantes transacciones comerciales en los mercados situados junto a los muelles de atraque.
La utilización de esta ruta fluvial servía para abastecer de productos a los apartados lugares de Nubia, así como distribuir desde los puertos de origen al resto de puertos nilóticos aquellos productos producidos por los oasis occidentales. Entre estos productos no faltaba el vino de : Kharga, Fafara y Dakhla, principalmente.


El transporte desde los oasis al puerto más cercano del río no estaba exento de dificultades, y quizá esas dificultades fueron la causa de que el vino de los oasis no tuviera tanta presencia, cuantitativamente hablando, como los del Delta. Este transporte se hacía a lomos de asnos, en viaje que debía durar de siete a diez días. Se pueden atribuir 40 Km. diarios, marchando ocho horas sin parar. El peso que estos animales pueden transportar como media, oscila alrededor de los 60 Kg. El principal inconveniente de este penoso transporte, era la gran cantidad de jarras que se rompían durante el trayecto. Los egipcios siempre utilizaron para el transporte terrestre las ánforas cerámicas, los romanos, por el contrario, utilizaron para este tipo de vía, los odres de piel de animales.

Ya que estamos hablando sobre vinos, no estaría de más dar un pequeño repaso recordatorio al vino encontrado en la tumba de Tutankhamón.En esta tumba, y concretamente en la escalera y el pasillo de acceso, en la cámara funeraria, en el anexo y en la cámara del tesoro, aparecieron jarras de vino. Por lo menos treinta de las cincuenta jarras grandes que se encontraron, habían contenido vino.
Estas ánforas tenían una estampación integrada en la alfarería de la pieza (es decir, acuñada antes de la cocción del recipiente) y otra inscripción hierática escrita con tinta negra en la panza. Constituían las etiquetas que informaban sobre la cosecha (referida al año de reinado del faraón), la clase de vino, el viñedo de origen y el nombre del cosechero. Precisamente, el hecho de la fecha ( la última es del año 9 de Tut) fue un dato más para cifra la fecha de la muerte del rey.


No todas las jarras eran de fabricación egipcia. También se encontraron jarras de importación, generalmente de Siria, que se distinguen por su largo cuello, y por tener una sola asa y más larga que la de las jarras egipcias. Mientras que las jarras egipcias tenían una medida que sobrepasaba los 80 cm. de altura, las jarras sirias rondan los 50 cm.


Carter en el inventario de la tumba nos dejo algunos dibujos muy interesantes sobre las jarras, sobre todo del sellado de las mismas. Carter comprobó que se había dejado un orificio, para que saliese el monóxido de carbono de la fermentación. Orificio que, más tarde, fue tapado con arcilla. Curioso dato…¿no?…